
Ayer me encontraba aburrida en la clase de latín. Al faltar veinte minutos para salir, yo ya estaba hasta la madre entre dos viejitos. Decidí matar el tiempo yendo al baño -esta narración no tomará tintes escatológicos ni mucho menos, me caracterizo porque tengo clase-. Cuando entro al segundo gabinete del baño, me topo con un letrero, escrito con marcador rojo, pésima letra y faltas de ortografía, que a la letra decía: 'No a las cuotas dela udege'. Estaba escrito tres veces consecutivas con la misma letra y el mismo marcador rojo. Yo no entendí varias cosas. Siempre ha habido cuotas en U de G. Tal vez la persona que con empeño escribió dicha barbaridad se refería al alza de cuotas. Pero más allá de los errores sintácticos y ortográficos, hay uno aún mayor ¿a quién chingados se le ocurre violentar con letreros patéticos el sagrado recinto de las verdades absolutas, confesiones amorosas, declaración de perversiones, directorio de citas anónimas, poemario del absurdo; con panfletos fuera de lugar? Estaremos de acuerdo que la división de estudios históricos y humanos tiene lugares de sobra para expresar opiniones políticas. Toman auditorios para transmitir sistemáticamente videos izquierdistas, donde lo único que aparece en la pantalla son machetes y pasamontañas, sin ningún contenido práctico. Empapelan muros con consignas sociales, ante las que todo mundo está de acuerdo pero pierden sesiones completas organizándose. Preparan y dramatizan marchas y performances políticos. Yo no me quejo de ello, mis convicciones están ahí y en proceso. Sin embargo, desconfío del modo. Y estaremos de acuerdo en que si existe un foro abierto constante para la expresión de ideas políticas, no se tiene por qué andar haciendo uso de espacios que considero exclusivos para otras cuestiones. No estamos en la huelga de Spicer, ni de Euzkadi, ni mucho menos, para andar denotando inconformidades políticas en los baños. Los muros de los baños son exclusivos para desesperados, para frases lapidarias, para transgresores morales. Pero qué puedo hacer, yo na' más soy un pobre venadito. Iré con un marcador verde a transcribir esto en la puerta del baño, y con un poema de Bukowski abajo. Respeten, no hay que ser.